Cada persona somos un ser único, la combinación de mil y un sentimientos, facetas y valores que forjan nuestra esencia, haciéndola única e intransferible. Esa esencia, que va mucho más allá de nuestros comportamientos, yendo a un estrato mucho más profundo de nuestro universo interior. Nuestra actitud está condicionada de forma reactiva por todo lo que nos rodea, es una especie de máscara que existe entre nuestro verdadero yo y el mundo real, estando unos más disfrazados que otros.
Cada persona conformamos una paleta de colores distinta. Cada color con su connotación, representando una de tantas piezas que conforman el puzzle de ese universo interior. El rojo de los sentimientos extremos, y la pasión en todas sus facetas, la vivacidad del color amarillo y su optimismo inherente, la paz y la serenidad del color azul. Su estabilidad. Seguramente, mientras lees esto, estés calibrando cuál de todos pesa más en ti.
Es precisamente esa esencia la que debemos perseguir, pulir y construir. Eso que nos ha hecho vibrar de niños, eso que nos eriza la piel, y eso que nos mantiene en vela sin que nos importe. Cada vez somos menos dueños de nuestro tiempo y más esclavos de la inmediatez y la prisa, hasta el punto en el que la caída de la red social más importante del mundo ha supuesto para muchos, incluyéndome a mí, un alivio y un descanso efímero.
Fuerza esos espacios para la introspección, la inercia no lo hará por ti. Busca ese café con tu padre, ese paseo con tu madre, ese paseo debajo de las estrellas, o esa puesta de sol, y plantéate si estás en la ruta correcta y si estás siendo fiel a ti. Busca la pausa, detente, y recuerda tu meta. Piensa en cómo serás recordado, o qué imagen se llevan de ti los protagonistas de una etapa a la que pones fin. Piensa en si dejas mella y por qué.

Universo
Lo que comenzó como una composición de formas y colores y terminó en un móvil decorativo, pasa al lienzo con las mismas piezas y colores en una composición totalmente diferente y abstracta.
Una introspección hacia lo esencial, hacia la niñez, hacia lo fundamental. Volver a lo básico, dejando ir a lo que no nos deja avanzar y crecer. Pararse a pensar si estamos caminando en la dirección correcta.
Una composición que evoca a los sueños y que nos recuerda que todos tenemos un propósito y que no debemos dejarlo ir.
Edición limitada de 30 piezas, numeradas y firmadas.
Cuando esbocé Universo, pensé precisamente en volver a esa esencia recurriendo a las geometrías básicas. Círculo, triángulo y rectángulo. También a los colores primarios, en esa búsqueda de lo original, quitando todo lo que sobra y es accesorio. Una composición un tanto naíf, que nos enseña que nunca se es lo suficientemente adulto para renunciar a los sueños infantiles.
La composición, con un tono cósmico, también hace alusión a nuestra conexión con el cielo y el misterio del universo exterior. Ese momento de pararse a mirar las estrellas, siempre es un espacio de introspección, cada vez menos frecuente, y cada vez más apagado por las luces urbanas y el trajín del día a día. Seguir admirando la luna llena, el amanecer en el litoral. Esas citas con el cosmos, siempre traen consigo un remanso de paz.
La paleta no se mantendrá igual siempre. Irá variando en base a las experiencias, buenas y malas, que tengamos a lo largo de la vida. A veces tendrá más peso el rojo, otras veces el azul. En ocasiones, todos los colores de la paleta en un mismo día, una montaña rusa. Habrá quinquenios rojos, lustros azules, décadas amarillas. Lo importante es, vivir con un fin en mente, centrarse siempre en el propósito, y volver a él cada vez que la vorágine nos saque de la ruta.
Te propongo un ejercicio. Si tuvieses que dibujar la composición de tu universo interior, ¿cómo sería?



Encantador, llena de mucha emoción al conectar con esa parte intangible de nuestras almas 💫🌌 que nos permite seguir soñando cada día.